Por Luz Helena Cordero Villamizar

La ironía, el humorismo, el sarcasmo, con todas sus variantes y técnicas literarias, son el tono y el recurso preferido de otros poetas para disentir y enfrentar un estado de cosas adverso. La risa como recurso contra el miedo y contra la represión. El universo simbólico del humor es inherente a los seres humanos y se ha utilizado en todos los tiempos. En el arte se inicia con la comedia y de ella bebe también la poesía. Según Henri Bergson, el efecto cómico requiere “una anestesia del corazón” porque se dirige a “la inteligencia pura” y además para que el humor tenga eco se necesita de un contexto y un efecto colectivos. Para este filósofo la risa tiene también un papel de control social, es una forma de censura social de un comportamiento. Para Sigmund Freud la risa es la forma de reconquistar un placer perdido por la labor represora de la sociedad. “Hay que valerse de la risa para desarmar la seriedad de los oponentes”, dice Guillermo de Baskerville en el final de “El nombre de la rosa”. En la trama de esta novela el libro apócrifo de Aristóteles hablaría de la risa como el nuevo arte capaz de aniquilar el miedo y de destruir la muerte.

La picaresca y lo cómico son una constante en la literatura, en la poesía, aunque en muchos casos tales obras hayan sido menospreciadas por considerarlas triviales, un arte menor, como si para hacer humor de la desgracia o de situaciones de terror no se requiriera ingenio e inteligencia. El humor y la risa se agradecen. En otros casos sus autores han sido perseguidos o desterrados. El humor incomoda al poder, lo ofende. Se ha dicho que el totalitarismo huye del humor, pues constituye una afrenta.

Desde clásicos como Horacio, hasta Shakespeare, Cervantes, los poetas y dramaturgos de la Edad de Oro española, poetas de todas las lenguas y todos los tiempos han hecho de la risa materia fundamental de la crítica. El bufón de la corte tuvo un papel clave en el cuestionamiento del poder a través del ingenio, el disfraz, la burla y el escarnio. Incluso en el romanticismo se produce el humor al mezclar lo cómico y lo triste, la risa y el dolor.

***

La ilustración de portada corresponde al grafiti de Bansky conocido como ‘Love is in the air’. De dominio público, tomado de www.banksyexhibition.es

JOTA MARIO ARBELÁEZ

(Cali, 1940)

LOPE DE VEGA

(Madrid, 1562-1635)

NICOLÁS GUILLÉN

(Camagúey, 1902 – La Habana, 1989)

Jotamario Arbeláez es una de las voces más representativas del nadaísmo, un movimiento iconoclasta, expresión del “fracaso de una generación” y de un orden al que no se aspiraba a destruir sino a desacreditar, como lo definió Gonzalo Arango, su creador.

El Nadaísmo era “un estado esquizofrénico-consciente contra los estados pasivos del espíritu y la cultura”, “una revolución en la forma y en el contenido del orden espiritual imperante en Colombia”.

«Jota» utiliza el humor y la ironía como herramientas poderosas para cuestionar el poder, las relaciones y los valores sociales. Como lo dice el poeta Armando Romero, su voz es fuerte, danza por la página, “su tono irónico e incluso sarcástico”, crea otra visión de la realidad y sabe mezclar armónicamente lo coloquial y lo lírico.

En su obra hace retratos familiares y del vecindario que alimentan la memoria colectiva, en los que el humor y la política siempre están presentes. Su palabra jocosa e incendiaria nos dice mucho sobre el pasado, el presente y el futuro de este país.

DESPUÉS DE LA GUERRA

Un día

después de la guerra
si hay guerra 
si después de la guerra hay un día 
te tomaré en mis brazos 
un día después de la guerra 
si hay guerra 
si después de la guerra hay un día 
si después de la guerra tengo brazos 
y te haré con amor el amor 
un día después de la guerra 
si hay guerra 
si después de la guerra hay un día 
si después de la guerra hay amor 
y si hay con qué hacer el amor

***

Tomado de: “Antología del Nadaísmo”. Edición y prólogo de Armando Romero. Sibilina, Sevilla, 2009.

EL PROFETA EN SU CASA

Vivo en un barrio obrero, en una casa vieja, en pantuflas,

y sobre la misma mesa donde mi padre por las noches

corta los pantalones que ha de entregar al otro día

para que los nueve que somos quepamos en el comedor,

para que el techo no se desplome por las lluvias,

para que en nuestros pies brille el betún de la decencia,

escribo mis poemas herméticos, trastorno la gramática,

me doy en poseer un mundo que no tengo,

leo a Paúl Valery y a Tristan Tzara.

 

Esta mesa donde mi padre ha parido tantos pantalones de paño

ha sentido sobre su lomo también correr mis palabras absurdas,

desde cuando él se iluminaba con una lámpara Coleman

hasta ahora que yo la profano con mis babas intelectuales.

 

Entre sus patas se levantó mi infancia

contemplando a mi padre en el billar de su trabajo

con tantas ilusiones puestas en mí cuando creciera.

Mi educación fue pagada con panes

que el tiempo multiplicaría.

Pero crecí para la indiferencia, para el ocioso sol, para los sueños.

Sólo las piernas del amor, sólo las copas de la risa,

en los colchones del nihilismo perdí las plumas de mi vuelo.

 

Escribo mis poemas herméticos, pero de vez en cuando pienso.

Pienso, por ejemplo, que esto debe cambiar.

Que debemos sonreír todos de la sala hasta la cocina,

estar del lado de la vida como las matas de los tarros,

cantar victoria bajo la ducha de las mañanas esplendentes.

Que mis hermanas no se avergüencen cuando en la calle les preguntan:

Qué está haciendo ahora su hermano?

Cuándo se va a afeitar la barba?

Si es tan inteligente porqué no trabaja en un banco?

Pero el diablo me hizo poeta para que ardiera en plena vida.

 

Los buses pasan veloces rumbo a la guerra del día

levantando una polvareda bestial que penetra en la casa

por las ventanas, por el techo, por las rendijas de la puerta,

dejando rucio el hermetismo de mis poemas y lecturas.

Estornudo como un buen burgués que se ha resfriado en los montes alpinos.

Blasfemo entonces y en bata de baño salgo a la calle a descansar

y veo muchos niños descalzos con coladores de café

persiguiendo a las mariposas que el invierno ha mandado adelante,

y veo el perro corriendo detrás de las motocicletas

o levantando la pata contra los hidrantes resecos,

y veo muchos hombres con palas cavando surcos en la calle

para sembrar alcantarillas más modernas y poderosas.

 

La señora que aplica las inyecciones pasa con su maletín descosido

y me saluda buenas tardes joven cómo está su mamá

y mi mamá cante que cante en la cocina frente a una pila de platos

o frente a mis camisas sucias que aún acaricia con ternura.

 

Un niño se acerca a la puerta a pedirme que le venda un helado

atraído por el aviso que clavó Estrella en la ventana.

Yo le digo que la nevera está dañada

(en realidad me da mucha pereza venderlo).

Y el niño se marcha con su cabecita pelada

recibiendo el yoyo del sol que sube y baja en el firmamento

y una pelota de caucho que le lanzan desde la otra cuadra.

¿Cómo encontrar palabras que digan algo que no es algo?

 

En la esquina varios obreros pulen zapatos en un torno

y por sus pechos sin camisa rueda el sudor de la alegría

y me provoca ir a sentarme junto a ellos a oírles hablar

de sus cosas particulares, de sus familias, del engrudo,

de los campeones de box, de las chicas del «Tunjo de Oro».

Pero me da miedo aburrirlos, sé además que me tienen bronca

pues piensan que soy un inútil y un haragán de siete suelas.

 

La muchachita que trabaja en el almacén Sears, estudia inglés

y usa una falda roja demasiado ceñida para su edad

sale a esperar el bus apresuradamente y me sonríe

como si ya estuviera muerto.

 

De la carpintería

emerge el olor de la cola, virutas vuelan por el aire,

canta la sierra circular construyendo pupitres.

 

Hay tantas cosas para mirar en esta calle,

los nidos en las cuerdas de la luz, la rata

muerta desde el sábado entre periódicos del viernes,

el tendero dormitando bajo su parasol

con el bigote bombardeado por los moscos,

el albañil poniendo tejas en la casa nueva

y gritándole al ayudante que le suba el martillo.

en este ambiente es imposible ser un poeta hermético, digo,

qué clase de poeta soy yo que me emociono con la vida,

calzo mis arrastraderas y me entro a acostar

porque no demoran en salir de la escuela los niños con sus caucheras.

***

Tomado de: “Antología del Nadaísmo”. Edición y prólogo de Armando Romero. Sibilina, Sevilla, 2009.

ENAMORADO CONVERSO

Dos seres que se besan no pesan nada.

El amor se nutre de besos, beso sin amor no alimenta.

Beso mandado con la mano es beso perdido, bala perdida del amor que no obtiene blanco.

Nunca les pasa nada a aquellos que no aman y a aquellos que nunca ríen.

Los primeros están a salvo del desengaño;

los segundos del desencajamiento de la mandíbula.

Hay que hacer el amor a mandíbula batiente.

En amor quien llega primero ríe de último.

El amor es la llave maestra que abre todas las piernas.

La virginidad es paranoia.

El sexo es el camino más corto de un corazón a otro.

Se hacen muy bellos versos sobre el amor, a veces más bellos que el amor mismo.

Si Dios es amor, Dios existe.

El amor es lo mas bello que insiste sobre la tierra.

Para hacerlo se hicieron la casa, la cama, la almohada, la hamaca.

Haga el amor o no haga nada.

Un buen amante no se cae nunca de la cama.

En la mesa y en la cama se conoce el caballero porque caballero es el que repite.

Lo primero que hay que dar cuando se ama es la cara.

Y luego la otra cara.

Los amores asustan al escondido.

Cómo enajena la mujer ajena.

Todas las mujeres son ajenas entre los brazos.

Son más las victorias de amor que se lloran que las que se cantan.

Así las fans sean abundantes y rendidas adoradoras.

De las fans no queda sino el cansancio.

Los amores correspondidos tienden a ser desgraciados.

No hay como los amores de una sola vía siempre y cuando pasen por uno.

El principal enemigo del amor es el otro.

El amor tiene enemigos agazapados que no son los celos.

Hay que desconfiar por agüero del hombre de una sola mujer

como del poeta de un solo libro.

Un poeta es un ser al que le escriben versos.

Todo lo bueno y todo lo malo que se ha hecho en el mundo

ha sido por obra y gracia de nuestro señor el amor.

Pararse en el amor para conocer las delicias de un hormiguero.

El sexo es una de las formas de la conversación.

El amor es eterno mientras dura, dura.

El nuestro fue un amor eterno a primera vista.

El que muere por amor está en desventaja.

El verdadero amor se hace mentiras.

Te amo, Pablo.

Yo no me llamo Pablo.

Los mejores amantes están por llegar.

Sería monógamo de mil amores.

***

Tomado de: “Antología del Nadaísmo”. Edición y prólogo de Armando Romero. Sibilina, Sevilla, 2009.

Lope de Vega, desbordado en su producción literaria, tanto como en sus amores y en su vida. Tuvo tanto de loco como de genio, de aventurero y sátrapa, sátiro, víctima de conspiraciones. Afiló bien la punta de su lengua para zaherir a sus enemigos políticos y literarios. «Fénix de los ingenios», «Monstruo de la naturaleza», fueron apelativos creados para nombrarlo, que nos siguen contando quién fue. Por su pluma fue víctima del destierro, por ladrón de mujeres y corazones, condenado por la ley. Audaz en el estilo y en los géneros que contribuyó a crear y a revolucionar como el teatro barroco, la comedia, la sátira, la lírica, los romances pastoriles, libelos o textos satíricos, la narración en prosa y en verso.

Las desgracias emocionales y necesidades económicas lo llevaron a ordenarse como sacerdote, lo que no sosegó sus ardores amatorios y lo llevó a escribir sus famosas “rimas sacras”. En su vejez convirtió en poesía sus desgracias y su soledad. De esta época se han destacado sus “Rimas humanas y divinas del Licenciado Tomé de Burguillos”, obra poética compuesta por 179 poemas que atribuye a un supuesto escritor del que funge como editor. El heterónimo es un recurso utilizado en otros casos para camuflarse en otra identidad y dar rienda suelta a su verbo, tal como lo hizo Cervantes y tantos más.

En estos poemas utiliza el humor, la ironía, el desprecio, las parodias y las burlas hacia otros escritores, a modo de “guerras literarias”, que no nos son ajenas en la actualidad. Lope arremete contra los “pájaros nuevos” o escritores jóvenes cortesanos. A Bartolomé Leonardo de Argensola lo llama copista y chismoso. En sus rimas hace una crítica al poder político y a su sociedad, a la riqueza, la justicia y lo noble-cortesano. En ellas se saborea el veneno con su picante. Su crítica a la ley lo hace exclamar: ¡Oh monte de papel y de invenciones! para concluir: ¡Oh justicia, oh verdad, oh virgen bella!,/ ¿cómo entre tantas manos y opiniones /puedes llegar al tálamo doncella?

Lope tiene la capacidad de reírse de él mismo en su papel de poeta, a quien los demás miran como un mendigo. Porque desde entonces se sabe que es más fácil que naden por tierra los delfines o que vuele un elefante, a que un poeta sea rico. Acaso lo será por otras lides. Hace bromas sobre la abundancia de colegas y esto nos atañe de cerca, pues en los tiempos que corrían, y en los que corren, en cada calle hay cuatro mil poetas.

A DON JUAN DE VALDÉS, CABALLERO DE LA ORDEN DE SAN ESTEBAN DE FLORENCIA, EXCELENTE JURISCONSULTO

Digna siempre será tu docta frente,

Alcïato español, del verde engaste;

venciste para mí, don Juan, triunfaste,

y mi fortuna lo contrario intente.

¡Qué claro, qué erudito, qué elocuente

al senado católico informaste!,

en cuya heroica majestad mostraste

tus letras y elocuencia ilustremente.

Premio tendrás, que hables o que escribas,

del senado real, cuando a sus puertas

el parabién de vencedor recibas.

Las leyes vivas siempre fueron ciertas,

mas ¿qué importan, don Juan, las leyes vivas

en pleito donde están las dichas muertas?

 ***

Tomado de: Lope de Vega. “Rimas Humanas y divinas, del licenciado Tomé de Burguillos”. Edición de Juan Manuel Rozas y Jesús Cañas.

http://www.cervantesvirtual.com/portales/lope_de_vega/obra/rimas-humanas-y-divinas-del-licenciado-tome-de-burguillos/

A UN AVARIENTO RICO

Aquí, con gran placer de su heredero,

un avariento miserable yace;

requiescat in bello, que no in pace,

pues no supo gozar de su dinero.

Nunca pensó llegar al fin postrero,

punto fatal del que a la vida nace;

mas ya las esperanzas satisface

que en largos años le negó primero.

¡Oh juventud lozana!, desperdicia

la plata, el oro con la arena iguala,

y en sus doblones pálidos te envicia;

lascivo con tus damas te regala,

véngate liberal de su avaricia,

y más que él lo guardó, consume y tala. 

***

Tomado de: Lope de Vega. “Rimas Humanas y divinas, del licenciado Tomé de Burguillos”. Edición de Juan Manuel Rozas y Jesús Cañas.

http://www.cervantesvirtual.com/portales/lope_de_vega/obra/rimas-humanas-y-divinas-del-licenciado-tome-de-burguillos/

A UNA DAMA QUE LE PREGUNTÓ QUÉ TIEMPO CORRE

El mismo tiempo corre que solía,

que nunca de correr se vio cansado;

deciros que es menor el que ha pasado,

demás de necedad, vejez sería;

o mayor o menor, hay noche y día;

sube u declina, Filis, todo estado;

dichoso el rico, el pobre desdichado;

con que sabréis cuál fue la estrella mía.

Hay pleitos, y de aquestos, grandes sumas,

trampas, mohatras, hurtos, juegos, tretas,

flaquezas al quitar, naguas de espumas;

nuevas, mentiras, cartas, estafetas,

lenguas, lisonjas, odios, varas, plumas,

y en cada calle cuatro mil poetas.

***

Tomado de: Lope de Vega. “Rimas Humanas y divinas, del licenciado Tomé de Burguillos”. Edición de Juan Manuel Rozas y Jesús Cañas.

http://www.cervantesvirtual.com/portales/lope_de_vega/obra/rimas-humanas-y-divinas-del-licenciado-tome-de-burguillos/

A UN POETA RICO, QUE PARECE IMPOSIBLE

La rueda de los orbes circunstantes

pare el veloz primero movimiento;

déjese penetrar el pensamiento;

iguálese la arena a los diamantes.

Tengan entendimiento los amantes

y falte a la pobreza entendimiento;

no tenga fuerza el oro, y por el viento

corran los africanos elefantes.

Blanco sea el cuervo y negros los jazmines,

rompan ciervos del mar los vidros tersos,

y naden por la tierra los delfines;

no sufra la virtud casos adversos,

den los señores, hagan bien los ruines,

pues hay un hombre rico haciendo versos.

 ***

Tomado de: Lope de Vega. “Rimas Humanas y divinas, del licenciado Tomé de Burguillos”. Edición de Juan Manuel Rozas y Jesús Cañas.

http://www.cervantesvirtual.com/portales/lope_de_vega/obra/rimas-humanas-y-divinas-del-licenciado-tome-de-burguillos/

 

Nicolás Cristóbal Guillén Batista, considerado como el poeta nacional cubano, admirado y amado por sus nacionales y por los grandes poetas iberoamericanos de su tiempo y del presente. Su obra se impregnó del espíritu crítico y revolucionario del momento histórico que vivió, incluida la Guerra Civil Española. Sus poemas son rupturas de un lenguaje acartonado y excluyente, se construyen con expresiones propias de su origen popular afrodescendiente, están habitados por los negros cubanos y su oralidad, que es “la lengua de los vencidos”. La suya es una propuesta estética y una respuesta a la sociedad racista en la que estamos inmersos.

No se debe encasillar su obra bajo el mote de «poesía negra». Muchos han insistido en ello. Su estilo parte de los clásicos españoles (Góngora, Quevedo y Garcilaso) y se transforma para convertirse en una voz colectiva a la que integra “formas propias de la híbrida cultura nacional” cubana, según Nancy Morejón, que también corresponden al ser caribeño y de nuestra América.

Tiene versos elegíacos, humor, sátiras políticas. En sus versos rítmicos se oyen los tambores, se siente la danza, el son, hay cacofonías, repeticiones, juegos de palabras, se transgreden normas sociales, se cuestiona el poder, se afirma la identidad y se exalta la riqueza cultural de su pueblo: Aquí hay blancos y negros y chinos y mulatos./ Desde luego, se trata de colores baratos,/ pues a través de tratos y contratos/ se han corrido los tintes y no hay un tono estable./ (El que piense otra cosa que avance un paso y hable.)

LA CANCIÓN DEL BONGÓ

Ésta es la canción del bongó:           

-Aquí el que más fino sea,                

responde, si llamo yo.           

Unos dicen: Ahora mismo,               

otros dicen: Allá voy.

Pero mi repique bronco,                   

pero mi profunda voz,                      

convoca al negro y al blanco,           

que bailan el mismo son,                  

cueripardos y almiprietos                 

más de sangre que de sol,                 

pues quien por fuera no es noche,                

por dentro ya oscureció.                   

Aquí el que más fino sea,                 

responde, si llamo yo.

 

En esta tierra, mulata            

de africano y español,           

(Santa Bárbara de un lado,               

del otro lado, Changó),                     

siempre falta algún abuelo,               

cuando no sobra algún Don              

y hay títulos de Castilla                    

con parientes en Bondó:                   

vale más callarse, amigos,                

y no menear la cuestión,                   

porque venimos de lejos,                  

y andamos de dos en dos.                 

 

Aquí el que más fino sea,                 

responde si llamo yo.            

 

Habrá quien llegue a insultarme,                 

pero no de corazón;               

habrá quien me escupa en público,              

cuando a solas me besó…                 

A ése, le digo:           

-Compadre.

ya me pedirás perdón,           

ya comerás de mi ajiaco,                  

ya me darás, la razón,           

ya me golpearás el cuero,                 

ya bailarás a mi voz,             

ya pasearemos del brazo,                  

ya estarás donde yo estoy:                

ya vendrás de abajo arriba,               

¡que aquí el más alto soy yo!            

***

Tomado de: “Sóngoro cosongo” (1931). En:

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/songoro-cosongo-1931–0/html/ff47ec48-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html

VISITA A UN SOLAR

(Turistas en un solar.                    

Canta Cantaliso un son                  

que no se puede bailar.)                

 

-Mejor que en hotel de lujo,            

quédense en este solar:                   

aquí encontrarán de sobra                

lo que allá no han de encontrar.        

Voy a presentar, señores,                

a Juan Cocinero:                        

tiene una mesa, tiene una silla,        

tiene una silla, tiene una mesa           

y un reverbero.                          

El reverbero está sin candela,          

muy disgustado con la cazuela.          

¡Verán qué alegre, qué placentero,      

qué alimentado, qué complacido          

pasa la vida Juan Cocinero!              

 

Interrumpe Juan Cocinero:                

 

-¡Con lo que un turista traga            

nada más que en aguardiente              

cualquiera un cuarto se paga!            

 

Sigue el son:                            

 

-…Y éste es Luis, el caramelero;       

y éste es Carlos, el isleño;            

y aquel negro                            

se llama Pedro Martínez,                

y aquel otro,                            

Norberto Soto,                          

y aquella negra de más allá,            

Petra Sardá.                            

Todos viven en un cuarto,                

seguramente                              

porque resulta barato.                  

¡Qué gente,                              

que gente tan consecuente!              

 

Todos a coro:                             

 

-¡Con lo que un turista traga            

nada más que en aguardiente              

cualquiera un cuarto se paga!            

 

Sigue el son:                             

 

-Y la que tose, señores,                

sobre esa cama.                           

se llama Juana:                          

tuberculosis en tercer grado.            

por un resfriado                        

muy mal cuidado.                        

La muy idiota pasaba el día              

sin un bocado.                           

 

¡Qué tontería!                          

¡Tanta comida que se ha botado          

 

Todos a coro:                            

 

-¡Con lo que un yanqui ha gastado        

no mas que en comprar botellas          

se hubiera Juana curado!                

 

Termina el son:                           

 

-¡Turistas, quédense aquí,              

que voy a hacerlos gozar;                

turistas, quédense aquí,                

que voy a hacerlos gozar,                

cantándoles sones, sones                

que no se pueden bailar!     

***

Tomado de: Obra poética 1922-1958. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1985.      

WEST INDIES, LTD.

             I

 ¡West Indies! Nueces de coco, tabaco y aguardiente…                   

Éste es un oscuro pueblo sonriente,             

conservador y liberal,            

ganadero y azucarero,           

donde a veces corre mucho dinero,              

pero donde siempre se vive muy mal.                      

El sol achicharra aquí todas las cosas,                     

desde el cerebro hasta las rosas.                   

Bajo el relampagueante traje de dril            

andamos todavía con taparrabos;                 

gente sencilla y tierna, descendiente de esclavos                

y de aquella chusma incivil              

de variadísima calaña,                      

que en el nombre de España             

cedió Colón a Indias con ademán gentil.     

 

Aquí hay blancos y negros y chinos y mulatos.                   

Desde luego, se trata de colores baratos,                 

pues a través de tratos y contratos                

se han corrido los tintes y no hay un tono estable.              

(El que piense otra cosa que avance un paso y hable.)                    

Hay aquí todo eso, y hay partidos políticos,            

y oradores que dicen: «En estos momentos críticos…»                   

Hay bancos y banqueros                   

legisladores y bolsistas,                    

abogados y periodistas,                     

médicos y porteros.

 

¿Qué nos puede faltar?                     

Y aun lo que nos faltare lo mandaríamos buscar.                

¡West Indies! Nueces de coco, tabaco y aguardiente.                     

Éste es un oscuro pueblo sonriente.  

 

 ¡Ah, tierra insular!               

¡Ah, tierra estrecha!              

¿No es cierto que parece hecha                    

sólo para poner un palmar?              

Tierra en la ruta del «Orinoco»,       

o de otro barco excursionista,                      

repleto de gente sin un artista           

y sin un loco;             

puertos donde el que regresa de Tahití,                   

de Afganistán o de Seúl,                   

viene a comerse el cielo azul,                      

regándolo con Bacardí;                     

puertos que hablan un inglés            

que empieza en yes y acaba en yes.             

(Inglés de cicerones en cuatro pies).            

¡West Indies! Nueces de coco, tabaco y aguardiente.                     

Éste es un oscuro pueblo sonriente.

 

Me río de ti, noble de las Antillas,               

mono que andas saltando de mata en mata,             

payaso que sudas por no meter la pata,        

y siempre la metes hasta las rodillas.           

Me río de ti, blanco de verdes venas            

-¡bien se te ven aunque ocultarlas procuras!-,                     

me río de ti porque hablas de aristocracias puras,               

de ingenios florecientes y arcas llenas.                    

¡Me río de ti, negro imitamicos,                   

que abres los ojos ante el auto de los ricos,             

y que te avergüenzas de mirarte el pellejo oscuro,              

cuando tienes el puño tan duro!                   

Me río de todos: del policía y del borracho,            

del padre y de su muchacho,            

del presidente y del bombero.                      

Me río de todos, me río del mundo entero.              

Del mundo entero, que se emociona frente a cuatro peludos,                     

erguidos muy orondos detrás de sus chillones escudos,                  

como cuatro salvajes al pie de un cocotero.

 

            II

 

Cinco minutos de interrupción.            

La charanga de Juan el Barbero                      

toca un son.                

 

-Coroneles de terracota,                    

políticos de quita y pon;                   

café con pan y mantequilla…            

¡Que siga el son!

 

La burocracia está de acuerdo                      

en ofrendarse a la Nación;                

doscientos dólares mensuales…                    

¡Que siga el son!

 

El yanqui nos dará dinero                 

para arreglar la situación;                 

la Patria está por sobre todo…          

¡Que siga el son!

 

Los viejos líderes sonríen                 

y hablan después desde un balcón.               

¡La zafra! ¡La zafra! ¡La zafra!                    

¡Que siga el son!       

 

III

 

Las cañas -largas- tiemblan              

de miedo ante la mocha.                   

Quema el sol y el aire pesa.              

Gritos de mayorales              

restallan secos y duros como foetes.            

De entre la masa                    

oscura de pordioseros que trabajan,             

surge una voz que canta,                   

brota una voz que canta,                   

sale una voz llena de rabia,               

se alza una voz antigua y de hoy,                 

moderna y bárbara:               

-Cortar cabezas como cañas,            

¡chas, chas, chas!                  

Arder las cañas y cabezas,    

subir el humo hasta las nubes,                      

¡cuando será, cuándo será!               

Está mi mocha con su filo,               

¡chas, chas, chas!                  

Está mi mano con su mocha.            

¡chas, chas, chas!                  

Y el mayoral está conmigo,              

¡chas, chas, chas!                  

Cortar cabezas como cañas,             

arder las cañas y cabezas,     

subir el humo hasta las nubes…                    

¡Cuándo será!

 

Y la canción elástica, en la tarde                  

de zafra y agonía,                  

tiembla, fulgura y arde,         

pegada al techo cóncavo del día.                  

 

IV

 

El hambre va por los portales           

llenos de caras amarillas                   

y de cuerpos fantasmales:                 

y estacionándose en las sillas           

de los parques municipales,              

o pululando a pleno sol                     

y a plena luna,           

busca el problemático alcohol                      

que borra y ciega,                  

pero que no venden en ninguna                    

bodega.                      

¡Hambre de las Antillas,                   

dolor de las ingenuas Indias Occidentales!  

 

Noches pobladas de prostitutas,       

bares poblados de marineros;           

encrucijada de cien rutas                  

para bandidos y bucaneros.              

Cuevas de vendedores de morfina,              

de cocaína y de heroína.       

Cabarets donde el tedio se engaña               

con el ilusorio cordial.                      

de una botella de champaña,            

en cuya eficacia la gente confía                   

como en un neosalvarsán de alegría 

para la sífilis sentimental.                 

Ansia de penetrar el porvenir           

y sacar de su entraña secreta            

una fórmula concreta            

para vivir.      

Furor de los piratas de levita            

que como en Sores y «El Olonés»,              

frente a la miseria se irrita                

y se resuelve en puntapiés.               

¡Dramática ceguedad de la tropa,                 

que siempre tiene presto el rifle                   

para disparar contra el que proteste o chifle,           

porque el pan está duro o está clara la sopa!            

 

V

 

Cinco minutos de interrupción.            

La charanga de Juan el Barbero                      

toca un son.     

-Para encontrar la butuba                  

hay que trabajar caliente;                  

para encontrar la butuba                   

hay que trabajar caliente:      

mejor que doblar el lomo,                

tienes que doblar la frente.    

 

De la caña sale azúcar,                     

azúcar para el café;               

de la caña sale azúcar,                      

azúcar para el café:               

lo que ella endulza, me sabe             

como si le echara hiel.                      

No tengo donde vivir,           

ni mujer a quien querer;                   

no tengo donde vivir,            

ni mujer a quien querer:                   

todos los perros me ladran,               

y nadie me dice usted.                      

Los hombres, cuando son hombres,

tienen que llevar cuchillo;                

los hombres, cuando son hombres,              

tienen que llevar cuchillo:                

¡yo fui hombre, lo llevé,                   

y se me quedó en presidio!   

Si me muriera ahora mismo,            

si me muriera ahora mismo,             

si me muriera ahora mismo, mi madre,                    

¡qué alegre me iba a poner!  

¡Ay, yo te daré, te daré,         

te daré, te diré,                      

ay, yo te daré             

la libertad!                 

 

VI

 

¡West Indies! ¡West Indies! ¡West Indies!               

Éste es el pueblo hirsuto,      

de cobre, multicéfalo, donde la vida repta               

con el lodo seco cuarteado en la piel.                      

Éste es el presidio                 

donde cada hombre tiene atados los pies.                

Esta es la grotesca sede de «companies» y «trusts».           

Aquí están el lago de asfalto, las minas de hierro,              

las plantaciones de café,                   

los «ports docks», los «ferry boats», los «ten cents»…                    

Este es el pueblo del «all right»,                  

donde todo se encuentra muy mal;   

éste el pueblo del «very well»,                     

donde nadie está bien.

 

Aquí están los servidores de Mr. Babbit.                 

Los que educan sus hijos en West Point.                 

Aquí están los que chillan: «hello baby»,    

y fuman «Chesterfield» y «Lucky Strike».              

Aquí están los bailadores de «fox trots»,                 

los boys del «jazz band»                   

y los veraneantes de Miami y Palm Beach.             

Aquí están los que piden «bread and butter»           

y «coffee and milk».             

Aquí están los absurdos jóvenes sifilíticos,             

fumadores de opio y de mariguana,             

exhibiendo en vitrinas sus espiroquetas                   

y cortándose un traje cada semana,  

Aquí está lo mejor de Port-au-Prince,                      

lo más puro de Kingston, la high life de La Habana…

 

Pero aquí están también los que reman en lágrimas,           

galeotes dramáticos, galeotes dramáticos.               

Aquí están ellos,        

los que trabajan con un haz de destellos                  

la piedra dura donde poco a poco se crispa              

el puño de un titán. Los que encienden la chispa                

roja, sobre el campo reseco.             

Los que gritan: «¡Ya vamos!», y les responde el eco                      

de otras voces: «¡Ya vamos!» Los que en fiero tumulto                 

sienten latir la sangre con sílabas de insulto.

 

¿Qué hacer con ellos,            

si trabajan con un haz de destellos?             

Aquí están los que codo con codo    

todo lo arriesgan; todo                      

lo dan con generosas manos;            

aquí están los que se sienten hermanos                    

del negro, que doblando sobre el zanjón oscuro                  

la frente, se disuelve en sudor puro, 

y del blanco. que sabe que la carne es arcilla                      

mala cuando la hiere el látigo. y peor si se la humilla                     

bajo la bota, porque entonces levanta                      

la voz, que es como un trueno brutal en la garganta.                       

Esos son los que sueñan despiertos,             

los que en el fondo de la mina luchan,                     

y allí la voz escuchan            

con que gritan los vivos y los muertos.                    

Esos, los iluminados,            

los parias desconocidos,                   

los humillados,                      

los preteridos,            

los olvidados,            

los descosidos,                      

los amarrados,

los ateridos,               

los que ante el máuser exclaman: «¡hermanos soldados!»,             

y ruedan heridos                    

con un hilo rojo en los labios morados.                   

(¡Que siga su marcha el tumulto!                 

¡Que floten las bárbaras banderas,               

y que se enciendan las banderas                   

sobre el tumulto!)                  

 

VII

 

Cinco minutos de interrupción.            

La charanga de Juan el Barbero                      

toca un son.     

 

-Me matan, si no trabajo,                  

y si trabajo, me matan;                     

siempre me matan, me matan,                      

siempre me matan.    

Ayer vi a un hombre mirando,                     

mirando el sol que salía;                   

ayer vi a un hombre mirando,                      

mirando el sol que salía:                   

el hombre estaba muy serio, 

porque el hombre no veía.                

Ay,                 

los ciegos viven sin ver                    

cuando sale el sol,                 

cuando sale el sol,     

¡cuándo sale el sol!               

Ayer vi a un niño jugando                

a que mataba a otro niño;                 

ayer vi a un niño jugando                 

a que mataba a otro niño:      

hay niños que se parecen                  

a los hombres trabajando.                 

¡Quién les dirá cuando crezcan                    

que los hombres no son niños,                     

que no lo son,

que no lo son,            

que no lo son!            

Me matan, si no trabajo,                   

y si trabajo, me matan:                     

siempre me matan, me matan,          

¡siempre me matan!              

 

VIII

 

Un altísimo fuego raja con sus cuchillas                  

la noche. Las palmas, inocentes                   

de todo, charlan con voces amarillas           

de collares, de sedas, de pendientes.            

Un negro tuesta su café en cuclillas.            

Se incendia un barracón.                  

Resoplan vientos independientes.                

Pasa un crucero de la Unión             

Americana. Después, otro crucero,              

y el agua ingenua ensucian con ambiciosas quillas,            

nietas de las del viejo Drake, el filibustero.             

Lentamente, de piedra, va una mano           

cerrándose en un puño vengativo.                

Un claro, un claro y vivo                 

son de esperanza estalla en tierra y océano.             

El sol habla de bosques con las verdes semillas…               

West Indies, en inglés. En castellano,                      

las Antillas.               

***

Tomado de: Ramiro Lagos. “Mester de rebeldía de la poesía hispanoamericana”. Ediciones Dos Mundos. Madrid, 1973.

SÁTIRA POLÍTICA

¡PAPELAZO!

 

Según el informe fiel

de periódicos locales,

carecen los Tribunales

para escribir, de papel.

Caso inconcebible y cruel,

señores, es este caso;

pero digamos de paso

con voz además bien alta,

que aunque es el papel que falta

se trata ¡de un papelazo!

(Enero 12 1949)

 

U. S. A.

Ir donde un negro y sacarlo

de su casa en forma dura;

después en la noche oscura

sin contemplación quemarlo.

Escupirlo, pisotearlo,

y al fin, en turbio montón,

seres que salvajes son

celebrar aquella gracia:

¡eso es yanquidemocracia

con facistilustración!

(enero 18, 1949)

LO QUE FALTABA

 

Por si acaso fueran pocos

los escándalos del día,

y faltaran todavía

ladrones, pillos y locos;

como si tantos sofocos

no embargaran nuestro afán,

ahora las huellas están

en un crimen muy reciente

de que en Cuba ya se siente

la garra del Ku Klux Klan-

(Febrero 24, 1949)

***

Tomados de: Obra poética 1922-1958. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1985

Para esta nota he tomado como referencia los trabajos de Alfredo Ramírez Membrillo. “Ironía, humorismo y sátira en la poesía modernista hispanoamericana”. Universidad Nacional Autónoma de México, 2006. en:  http://132.248.9.195/pd2006/0605122/0605122.pdf. También, “Introducción a la obra de Nicolás de Guillén” de Nancy Morejón. en: http://www.cervantesvirtual.com/portales/nicolas_guillen/su_obra_introduccion/

El aguafuerte “Tú que no puedes” (1799). De la serie Los Caprichos de Francisco de Goya (1746 -1828). Núm. 42  en la serie de 80 estampas.