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Su nombre era Raúl Rovira. Lo recordamos yendo y viniendo entre los edificios de filología e idiomas, sociología y ciencias humanas. Siempre con su mochila terciada llena de libros y revistas. Siempre con su acogedora sonrisa, parloteando en corrillos, convocando a los amigos a la conversación sobre temas coyunturales, sociales y, sobre todo, sobre literatura. Lo vemos todavía, inquieto y con el ceño ligeramente fruncido, preocupado, interesado en «pelear por un mundo mejor con justicia y democracia». No hay duda de que Raúl es una referencia obligada entre profesores y estudiantes de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de mediados de los años ochenta. Muchos le recuerdan por su activismo cultural, por su intensidad en el trato y por su tozuda tarea de mantener viva la Revista Papiro, Literatura y arte.

Hace pocas semanas, en los inicios de agosto, Raúl Rovira murió. Sabemos que siempre fue un gozón y también que vivió tiempos aciagos, marcados por la incertidumbre y el desconsuelo. Como suele suceder, el acontecimiento de su muerte se convierte en la excusa para hacerlo presente en nuestros espacios. Punto de Partida le quiere rendir un homenaje y comparte aquí una pequeña nota evocadora, recibida a través de las redes en días pasados. Además incluimos un par de poemas suyos. Buen viaje, Raúl. Te has quedado para siempre entre tus amigos.

Blog de Raúl: http://poesiayarterotico.blogspot.com/ activo entre octubre de 2011 y abril de 2013 y del sitio web: http://www.soypoeta.com/raul-rovira

La imagen de la portada corresponde a una panorámica de Santa Cruz de Mompox, en Bolívar – Colombia.

HACE UNOS DÍAS NOS LLEGÓ LA TRISTE NOTICIA… [Por Kástor]

Hace unos días nos llegó la triste noticia del fallecimiento de Raúl Rovira, en Cartagena , nuestro amigo y compañero de la Universidad Nacional. Lo conocí en la facultad de Ciencias Humanas donde estudiábamos Filología inglesa.

Una mañana, mientras tomaba mi desayuno en la cafetería de don Antonio, en el edificio de antropología, una mañana de asambleas y mítines, lo vi por primera vez, irrumpió en la cafetería con megáfono en mano, acompañado de un grupo de belicosos estudiantes, era un joven delgado, alto, trigueño, de pelo quieto, llevaba una camisa de flores. ¡Indiferencia, complicidad! gritaron casi sobre nuestras orejas, y nos quedaban viendo con una mirada rayada, ¡Indiferencia, complicidad! gritaban muy cerca de las mesas donde estábamos. Después lo conocí en la Facultad y allí nació nuestra amistad. Era militante político de la Juventud Comunista y ya en ese entonces un consumado lector de poesía, especialmente devoto de Pablo Neruda y Mario Benedetti. Esas poesías cotidianas y políticas que en las tardes o en las noches, a las sombras de los urapanes, leíamos en el Jardín de Freud; eran poesías que se leían mucho por esos tiempos.

En un artículo de 1995 él escribió: ” Una mañana de abril de 1984, de la ilusión y el trabajo de un grupo de estudiantes nació Papiro”. En efecto, él fue el principal creador y el director de Papiro, la revista de arte y literatura de Filología. Allí, un grupo de compañeros de la carrera como Rodrigo Argüello, Luis Alfonso Rodríguez, Julio César López, Claudia Parissi, Arles Nova, hicimos nuestras primeras armas y publicamos nuestros primeros trabajos literarios. Y Raúl, incansable, era el gestor y el organizador de esas quijotescas jornadas. Él no era un académico, como ya lo era el hoy escritor Rodrigo Argüello o Luis Alfonso que hizo carrera en Estados Unidos. Tal vez no le interesaba, siempre llegaba tarde a clases o no llegaba, pero andaba con los diagramadores, consiguiendo el papel para las publicaciones, contactando a los escritores para conferencias, como fue el caso de Juan Manuel Roca, Jairo Aníbal Niño, Charry Lara o César Pagano, a quienes llevó a los auditorios de Ciencias Humanas. Es decir, haciendo lo que nosotros o los profesores no hacíamos. Era incansable. Ah, y los viernes, infatigable con las ollas comunitarias, ‘canelazos solidarios’ o ‘sancochos bailables’, al calor de las fogatas, siempre en la calidez de jornadas de poesía y lunadas, de una bohemia que no excluía unas briznas de cannabis sativa. Y terminábamos en discusiones (pues todos éramos o nos creíamos sartreanos) donde hablábamos del compromiso intelectual, y ya al amanecer, terminábamos en el Acevedo Tejada, junto a la Nacional, enfrascados en laberínticas polémicas con los dirigentes de Sintraunal, en medio del humo del cigarrillo y de los cajones de cerveza, hasta que salíamos de la mano con alguna muchacha que llevaba una boina calada al estilo del Che. Publicó un libro de poesía, Con migajas de luna en los labios. Libro que me lo regaló, con su dedicatoria. Después, entre copas, y riendo, me contaba que pidió a los proveedores de la Universidad el doble de papel para la revista, con la mitad restante se fue a los talleres de sociología y allí Israel Perico le armó una edición de 200 libros. Había unos poemas bonitos, muy cotidianos, como alguno que apenas recuerdo y hablaba de “esos búhos que me regalaste, mientras yo en una tarde te leía unos poemas de un tal Jorge Luis Borges…”

Una tarde de un viernes, nos encontramos de casualidad en la casa del escritor Jairo Mercado, que era nuestro profesor y director de tesis. Habíamos llevado nuestros trabajos monográficos para al cabo de un mes esperar la firma de aprobación, paso en el que se quedaron muchos y otros se retiraron, pues había rigor en las firmas del director y los jurados. Raúl hacía su tesis sobre Benito Pérez Galdós, un novelista español; yo, sobre la poesía de Gaitán Durán. Cuál sería mi sorpresa cuando llego a la casa de Jairo Mercado y veo a Raúl con una fuente de copas que repartía entre unos pocos contertulios. Luego, Jairo, ya con sus whiskys encima, sacó un estilógrafo, cogió las dos tesis y estampó las respectivas firmas. Yo los conozco muy bien a ustedes, nos dijo, y nos entregó los trabajos aprobados y nos quitó esa pesadilla de encima.

Raúl después fue profesor de la Universidad Nacional, de la universidad Autónoma y Antonio Nariño, adonde me llevó a trabajar, siendo él jefe de área, y me hizo firmar mi contrato, como el entrañable Jairo Mercado, sin ponerme requisitos. La última vez que lo vi fue cuando nos encontramos en el barrio La Macarena y me invitó a su casa. Era un piso con un jardín junto a un patio empedrado y con tiestos de flores. Fue una tarde inolvidable; me sorprendió su colección de música, no sabía, era un melómano, tenía vinilos, cidís y casetes. Mucha música caribe, su tierra, y por supuesto salsa. Salió a toda prisa y volvió acariciando en las manos una botella de ron. Recuerdo que, siempre riendo, se acordó cuando nos recomendó a don Antonio para acceder al cuaderno de crédito, pasamos revista a todos nuestros profesores, por supuesto a nuestras compañeras, una por una, y sin perdonar nada, y qué historias, y entre recuerdos, copas y canciones de Sabina o Edith Piaf vimos cómo las sombras de la noche empezaban a caer sobre el patio en ese día inolvidable día de verano. No lo volví a ver más, pero siempre pensé en él porque lo que hizo por nosotros, tal vez sin darnos cuenta, fue mucho y todavía lo llevamos en el recuerdo, como esa tarde cuando hablaba de un tal Jorge Luis Borges.

ESO SOMOS [Raúl Rovira]

Un instante mineral,

un momento de asombro sideral

o una carcajada ebria

del tiempo en su vibrar.

Un relámpago aprisionado

por el parpadeo del universo

en su rumbo vago e incierto;

o sólo tierra

tierra de otra tierra

en nuestras bocas apretujadas,

tierra y sólo tierra.

Este poema es leído por su autor en el canal de youtube de la Agrupación Las Babas de la Luna. Allí Raúl deja un franco mensaje, un pequeño video publicado el 24 de abril de 2021. Aquí el vínculo para acceder al video:  https://youtu.be/wEaGLLawtMY

HOY PONGO MI CORAZÓN EN VUESTRAS MANOS - [Raúl Rovira]

El cielo llora, gime y cae a pedazos,

en una lluvia de tormentos y aletazos,

la vida se ahoga, se esfuma, oculta sus pasos,

se parte, por el centro, de un sólo tajo.

Crujen los vientos solos y tristes.

El día esta oscuro, lastimero y yerto,

el día tiene un hueco, es negro y eterno,

parece desierto, caliente y de hierro,

lleno de amigos, hermanos y compañeros,

con dedos de fuego que escupen el miedo,

apartan el polvo, trenzan sus huesos,

brotan del pantano, del desprecio,

de las calles, del cieno, del océano,

de los barrios, de los montes, rompen el silencio.

Hermanos y compañeros,

hoy pueblo mío,

hoy te abro bien claro, el amor en mi pecho,

pongo mi corazón en vuestras manos,

lo trituro, lo divido, lo parto de un tajo,

hoy pongo mi corazón en tus manos,

y espero que pronto, allá bien alto,

sepultes la muerte, alumbres el cielo,

bendigas la tierra,

y sepultes por siempre.

el dolor en mi pecho.

“Raúl Rovira…Hoy pongo mi corazón en vuestras manos”, es un video publicado en la internet por el Festival de Poesía Candelario Obeso el pasado 8 de agosto de 2021 como homenaje póstumo. Se puede acceder al video a través del vínculo: https://youtu.be/sP9GEjP-trc.  Allí señalan:

“Raúl Rovira, poeta momposino… con muchísimas cualidades… homenaje póstumo del Festival de poesía Candelario Obeso, en donde participó activamente como miembro invitado y asesor académico”. Video elaborado por Ayele Agyare. Voz: Rosita Lozano. 

Esta imagen publicada en el video mencionado es parte de la colección del Festival de poesía Candelario Obeso, realizado por la Fundación Ariel de Jesús de la Peña Vanegas, Fadepeva.

Cementerio de Santa Cruz de Mompox, En él está dispuesto el mausoleo, con el busto de Candelario Obeso, lugar de remembranzas y homenajes al poeta momposino.